Los jóvenes se marchan. Algunos emigran para acabar su formación, otros lo hacen en busca de trabajo y mejores servicios. La ciudad les atrapa mientras, en el pueblo, sus padres y abuelos envejecen contemplando cómo cierran los colegios, dejando sus plazas calladas, sin gritos de niños ni futuro en el que mirarse.

 

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